Vamos y venimos
Revista - 03-11-2006 19:54:05 | Categoria: Edición Impresa
por María del Rosario ManciniLos días pasan de prisa en la ciudad. La gente camina y camina con rapidez por la peatonal Córdoba. A todos los caracteriza la misma forma de andar, definida en preocupación y nerviosismo por llegar a tiempo a algún lugar.
Hoy fue un día despejado y el sol pegó con fuerza sobre las calles de la ciudad. La gente caminaba cansada y agobiada por el calor que a media mañana se hizo sentir. Bares y heladerías aparecieron desbordados en su capacidad.
En puro contraste con el ansioso andar de quienes se desesperaban en la calle persiguiendo sus sombras, se hacían notar los artistas callejeros, las personas con alguna discapacidad pidiendo monedas a la salida del banco, los vendedores ambulantes y, también, varios lustradores de zapatos. Esta es, sin dudas, otra particular característica de la peatonal rosarina. Caminás treinta pasos y ves a estas personas. No corren. Permanecen. Parecieran vivir en un mundo aparte y no en donde realmente están: cerca del caos y en medio de bocinas, música y murmullos varios, que describen a la ciudad de todos los días, aunque especialmente los lunes, cerca del mediodía.
Las personas que realizan su trabajo en la calle lucen pacientes, escrutando el pasar de los caminantes mientras esperan un cliente.
La ciudad es una, pero cada uno vive a su manera. Muchos viven de prisa en estos tiempos y pareciera no importarles quién tienen al lado.
Unos pocos se muestran tranquilos. Otros se pasan la vida corriendo y olvidan que en el día a día, en las pequeñas cosas, también existe la felicidad. No deberían esperarse los buenos momentos. Cada instante de la vida debería ser uno. Hoy todos piensan en el mañana y algunas veces ignoran que en la vida se esta de paso y que hay que disfrutarla y vivirla con alegría, sencillez y no con tanta ligereza.
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